Creo que cuando uno se dirige a la administración, a uno de sus múltiples organismos y trabajadores, lo primero que desea además de encontrarse con la capacidad de resolver el problema de turno o hacerse cargo de su gestión es encontrarse con alguien empático, que ponga rostro a ese ente abstracto e informe. La idea de "igualdad de trato" o "no discriminación" va aparejada a la idea de la neutralidad del proceso administrativo, pero es importante sobre todo que se note en el trato de "cara al público", una labor donde se puede ganar o perder gran parte de esta batalla, dando por hecho que ya por suerte cada vez más el ordenamiento legal ampara y protege la inclusividad y la igualdad de derechos durante todo el procedimiento.

Como miembro de Correos he tenido que trabajar en diferentes entornos, con gente de diferentes orígenes y capacidades, y he comprobado que el respeto que se da siempre es devuelto, y que la mejor tarjeta de presentación para un organismo público es el trato correcto de los empleados que están por así decir "en primera línea". Además la gente siempre es más exigente con un empleado público por suponerle ya de entrada un agente neutro y ecuánime.
Creo muy importante inculcar en los empleados públicos esa idea, la de que nos dirigimos a un colectivo de ciudadanos que esperan de nosotros una conducta imparcial y respetuosa, aunque al mismo tiempo consciente de la particularidad que el caso o la persona puede necesitar, y que en mi caso particular puede ser entregar una notificación a un ciudadano de otro país que no conoce ni una palabra de español o ayudar en el acceso a la oficina a personas con movilidad reducida.
Una labor necesaria en el contexto de sociedad diversa en la que nos encontramos y que hará que el usuario de los servicios públicos sienta que desde el primer momento ese ente abstracto y confuso a veces que es la administración tiene un rostro humano.
Comentarios
Publicar un comentario